Nostalgia del Reino

Chalecos

Copio aquí una larga diatriba que publiqué en Facebook, tras ver con desesperación como mi portada estaba llena de post alabando a los gilets jaunes, y jaleando para que hiciéramos lo mismo en España.

Peligros

La semana pasada terminó con una noticia terrible: el fin de la excepcionalidad española: ya tenemos un partido fascista con representación parlamentaria, y con un aterrador 11% de los votos.

Segundas oportunidades


Leía hoy en Twitter a un nacionalista catalán quejándose de quien vivía en Cataluña sin emociones. La absurdez de la idea, es, por supuesto, manifiesta: el que es imposible vivir en un sitio sin emociones, si eres humano, el que cuando él se refiere a emociones se refiere a tus sentimientos por un trapo de colores, no por la ciudad donde habitas, y que, aún así, nada tienen que ver esas emociones (incluso las que sientas por el trapo) con la organización política de tu ciudad (yo me emociono mucho en las Olimpiadas, pero eso no influye en nada en mi sueño de ver al estado estañol disolverse en una federación europea o mundial).

¿Dónde está la izquierda?

De todos las tragedias políticas de los últimos dos años, creo que la que más me ha costado entender y aceptar fue la abstención de Mélenchon en la segunda ronda de las presidenciales francesas, hace ahora casi un año. Se trataba de elegir entre un candidado liberal y una fascista. Cualquier persona de bien, da igual su orientación, debía tener claro a quién votar allí. Yo me he preguntado a veces a quién habría votado en primera ronda (mi candidato natural habría sido Hamon, socialista apoyado por los ecologistas, pero no sé si no habría votado a Macron para evitar tener que elegir en segunda ronda entre una fascista y un ultraconservador. De lo que no tengo duda es que habría votado a Macron en esa segunda ronda. No habia allí nada que pensar, era una obligación moral. El cómo Mélenchon y quienes votaron por su propuesta no lo consideraban así todavía me persigue, un año después. De la misma forma que me persigue la obsesión de muchos izquierdistas por primero Chávez y luego Maduro, por la cuba castrista, o, en los casos más enfermizos, Putin o al-Ásad.

Las películas del 2017

El 2017 ha sido un año extraño, y difícil, regresando a Madrid, y pensando de nuevo en dejarlo, uno de esos años de transición que no sabes dónde estás, ni a dónde vas realmente. Por eso dos de las tres películas que cito aquí son en realidad del 2016, aunque yo no las vi hasta regresar a Madrid, en febrero.