Nostalgia del Reino

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Esta caída que te anuncio es de un tipo muy especial, terrible.Es de aquellas en que al que cae no se le permite llegar nunca al fondo. Sigue cayendo y cayendo indefinidamente. Es la clase de caída que acecha a los hombres que en algún momento de su vida han buscado en su entorno algo que este no podía proporcionarles, o al menos así lo creyeron ellos. En todo caso dejaron de buscar. De hecho, abandonaron la búsqueda antes de iniciarla siquiera.





De El Guardián entre el Centeno, de J. D. Salinger





Si hubiera leído este libro en mi adolescencia, en el momento adecuado para ello, tal vez hubiera aprendido algo, y algunas decisiones que tomaría posteriormente hubieran sido diferentes. Aunque probablemente no.

Pero, pese a que hace ya demasiado que dejé atrás los dieciseis, no pude evitar quedar hechizado por las desventuras de Holden en NY, por la adorable Phoebe. La mayor parte del libro lo leí en el aeropuerto de Granada, esperando un vuelo (durante lo que en otras circunstancias habrían sido dos espantosas horas en aquel pequeño aeropuerto). Cuando llegué a Madrid estaba ya irremediablente cambiado por ese libro. Para siempre, supongo. Tomé un taxi hacia mi casa (normalmente vuelvo en Metro, pero en aquel momento me parecía necesario tomar un taxi), y me costó bastante refrenarme para no preguntar al taxista por los patos del Retiro en invierno.

Y, durante un par de días, la mayor parte de la gente que me rodeaba, que me cruzaba, me parecían unos tarados.



Lo terminé ayer, al mediodía, mientras comía en un local de comida rápida absurdamente pijo. Lo primero que hice después fue llamar a mi familia, para hablar un rato con ellos. Por alguna razón, en aquel momento lo necesitaba. Quizás porque en esos momentos me sentía perdido, acabado.





Y el gran problema que surge siempre que terminas un libro tan inmenso como ese es: ¿Y ahora qué? ¿Cómo encontrar una lectura que valga la pena?


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