Nostalgia del Reino

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Una especie de etapa que llega a su fin. Llevaba más de dos años (desde principios del 2002, creo) leyendo los New X-Men, de Grant Morrison, la mejor etapa de esta serie en sus cuarenta años de historia.



Y en esos dos años, Morrison ha convertido a los X-Men en lo que siempre debió haber sido, en una historia sobre evolución, sobre un nuevo mundo. Dejó atrás todas esas mallas (I was never sure why you had us dress up like superheroes anyway, professor), todos esos super-tipos con disfraces de colores (salvo en la India, donde los X-Men locales seguían llevándolas porque a sus fans les encantaban: The Hindu Times called a super hero last week), y el viejo concepto de super-villano-super-poderoso-que-amenaza-el-mundo, y se centró en describir un nuevo mundo, y conocimos a diseñadores mutantes, a grupos de música mutantes. Convirtió al supuesta escuela de Xavier, que hasta ahora no había sido sino un campo de entrenamiento paramilitar, en un verdadero colegio, donde los estudiantes llevaban camisetas de Magneto, de la misma forma que en el mundo real se llevan camisetas del Che.

Y nos ha hablado de Evolución, de evolución biológica, de esas épocas que tanto se han repetido en la historia de la Tierra en las que una especie desplaza a otra; pero también de evolución mental, de nuevas ideas expandiéndose a través de las mentes, de nuevas formas de ver el mundo. En esta obra, como Los Invisibles, hay muchas referencias a las teorías de Richard Dawkins, a los genes como máquinas autoreplicantes de las que no somos sino portadores (el enemigo final de los X-Men resulta ser simplemente un gen, que había estado en nuestro mundo desde el principio de la vida, que evolucionaba, se replicaba, y destruía a sus oponentes), a las ideas que se comportan de la misma forma, utilizando las mentes para su reproducción.

Y ha hecho crecer a los personajes, ha dado verdadera profundidad a las lloriqueantes máquinas de guerra que eran antes (también Claremont había hecho mucho a este respecto, sin duda, pero los ochenta quedan ya tan lejos…).

Y todo eso sin dejar de ser una gran historia de ciencia-ficción, repleta de acción, y, como todas las obras de Morrison, de personajes más-cool-que-la-vida-misma.





Y todo esto me deja con la triste casi certeza de que nunca más volveré a comprar un comic de la Patrulla X. Otro signo de que me hago mayor. Sigh. :(





Perhaps we’ll meet again in the new world that’s coming, but I doubt it.

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