Nostalgia del Reino

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Ayer fue una tarde de leer blogs. Estaba el de Wyan , que yo no sabía que existiera, que había abandonado durante un tiempo, y que ahora ha decidido retomar. En esta nueva etapa de su blog, Wyan se ha vuelto muy denso, pero sus reflexiones sobre las diferentes actitudes ante la vida son más que dignas de leer. A partir del suyo, llegué a este otro , realmente fascinante. Visité también el de uno de los persanonajes más peculiares que jamás he conocido , y el de Zirbeth , que le conoce como El Calvo, y que publicó un comentario en este mi blog. Y a partir de estos llegué a otros, y a otros. Una inmensa telaraña de vidas entrelazadas. Antes, el el siglo XX, podías ver los vértices adyacentes al tuyo, y, como mucho, los siguientes. Ahora puedes verlos todos.



Y todo este hurgar en las vidas, en sentimientos y reflexiones de todas estas gentes, me llevó a recordar cómo comenzó todo esto. Conté algo en mi primer escrito. Dije que este blog existía para recoger todas esas cosas que no tenían cábida en mi diario, pero que debían ser escritas.

La historia completa comienza hace mucho más tiempo, a principios de los noventa, cuando decidí (o la persona que me precedió lo hizo: ha pasado tanto tiempo, tantas cosas, y yo he cambiado tanto, que no estoy seguro de que ese chico perdido y yo seamos la misma persona) que los sueños no debían olvidarse.



Comencé a apuntar mis sueños en cuadernos. Todas las entradas comenzaban con un “SUEÑO 1”, “SUEÑO 2”… Todavía conservo ese formato, y todavía anoto los sueños que no olvido. En todos estos años, he pensado mucho sobre todos esos sueños, sobre todos los patrones que se repiten, como esos lugares que no conoces en el mundo de la vigilia, pero que visitas repetidamente en tus sueños; sobre el poder que tienen sobre ti (puedes soñar con una chica que no veías desde hacía dos años, que nunca más volverías a ver durante más de dos minutos, y despertar enamorado de ella, porque así lo dictaban tus sueños); sobre como las peores pesadillas, las que te hacen despertar temblando, las que todavía te hacen sentir escalofríos cuando los recuerdas, son aquellas que no sabes por qué te dan miedo, qué tienen de terrorífico; sobre esos extraños símbolos materiales que en tu sueño les concedes una importancia fundamental, sin saber la causa (un manzano, una estatua de Julio César sobre una columna… ).



Inevitablemente, terminé escribiendo en esos cuadernos otras cosas aparte de mis sueños. Al principio lo hacía sin fechas. Esos escritos sobre el mundo de la vigilia se titulaban “INTERLUDIO 1”, “INTERLUDIO 2”… Unas anotaciones personales mínimas. Citas de mis lecturas. Mis pocos intentos de escribir poesía también tendían a terminar en esos cuadernos.



Finalmente, comencé a poner fechas a los interludios. Creo que fue cuando comencé a escribir el segundo cuaderno, a mediados del noventa y cinco. Definitivamente, aquello se había convertido en un diario. En octubre de ese año, a mitad del segundo cuaderno, me vine a vivir a Madrid. En ese momento ya sabía que nunca regresaría a Albacete. Pero no que pasaría tanto tiempo en Madrid. En mi vida, los pequeños interludios tienden a alargarse demasiado. El día en que vine a Madrid dejé una página en blanco en el cuaderno, y escribí, ocupando toda la segunda página, LIBRO II. Comenzaba una nueva época de mi vida. Ahora, en el 2004, todavía voy por el tercer libro. Y se está alargando demasiado.



No recuerdo ahora el número de cuadernos que llenan estos tres libros. No muchos, Creo que cuatro. Cuesta mucho llenar un cuaderno con tus sueños, y tu vida, salvo que escribas todo lo que te pasa, por muy intrascendente que sea. Y yo tiendo a permanecer mucho tiempo en silencio, volviendo a mis cuadernos solo en los momentos de mayor agitación espiritual.



Uno de esos cuadernos se perdió. Lo dejé olvidado en mi habitación, la 640, en el Jhonny . Nunca supe nada de él. Me pregunto si alguien lo leyó, y si todavía existe en algún lugar. No era un cuaderno para ser leído por nadie más que yo, pero, a la vez, me daría pena el saber que simplemente fue arrojado a la basura, y destruido.



También estaban los momentos de agitación intelectual, pero sobre ellos nunca escribí demasiado. Supongo que nunca les he dado demasiada importancia, y que siempre me he considerado más un narrador (un narrador fracasado, supongo. Hace años que no escribo nada, ya casi nunca lo intento) que un científico, o un intelectual (por no hablar de un ingeniero, o un más-o-menos-respetable-profesional-del-mercado-del-tráfico-aéreo, que es lo que se supone que ahora soy). Pero estaban allí.



Y, en contadas ocasiones, esas agitación intelectual me atacaba con excesiva fuerza. Casi no me dejaba dormir, no me dejaba pensar en nada que no fuera en lo que en aquellos momentos ocupaba mi mente, dejándote indefenso contra cualquier cosa del mundo exterior.

La última de esas etapas de pensamiento feroz fue hace unos meses. Durante una semana, o dos, pensaba sin parar, reconstruyendo mi visión del mundo. Se centró sobre todo sobre las ideas de percepción, mi tema favorito de siempre, de qué podemos conocer del mundo real, si existe, y, como novedad, sobre el lenguaje, sobre cuánto influye en nuestra idea del mundo.



Fue entonces cuando decidí iniciar un blog. Para dejar nota de todo eso en algún lugar. Mi diario no era el lugar adecuado para todas esas ideas. Y la idea de un cuardeno filosófico… Primero, me supera. Y segundo, jamás tendría la disciplina para ello. Así que, mejor iniciemos un blog. Acumulemos nuestras ideas en la red, a la vista de todos. Pero a la vez invisibles, pues, entra tanta información, nadie se molestaría nunca en leerlo. ¿Qué mejor escondite para un libro incómod, pero no comprometedor en exceso, que la mayor biblioteca que jamás haya existido?



No comencé entonces el blog; y esa etapa de ser acosado por mi pensamiento terminó. Pero al mes siguiente comencé a escribir esto. Y sigo aquí desde entonces.


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