Nostalgia del Reino

En Verano

Escribo sentado en mi cama, con el iBook sobre las rodillas. Y con “mi cama” me refiero a mi vieja cama, en mi cuarto, en casa de mis padres, en Albacete. De todos los lugares en que he vivido, este es, hasta la fecha, el único al que he llegado a considerar mi hogar. Los demás no han sido sino lugares donde dormir, almacenar mis cosas, reunir a mis amigos: simples campamentos. Permanezco un tiempo en ellos, hasta que las circunstancias me llevan a otro. Y no me cuesta dejarlos, porque, si necesito un lugar para mirar atrás, siempre me queda este, mi hogar.



Ahora paso unos días aquí, viviendo como un vegetal. Dejando pasar el tiempo con absoluta placidez, con el móvil apagado, escuchando música, leyendo, soñando, pensando. Mucho más soñando que pensando, pues así soy yo. Sueño tanto despierto como dormido, quizás con más frecuencia e intensidad de las debidas.





Y mientras, leo a Dante, saborándolo con tranquilidad, no más de cuatro o cinco poemas al día, alternándolo con otros libros. En su Vida Nueva, Dante describió con absoluta perfección esa vorágine que es el estar enamorado, la sensación de finalidad que eso otorga a nuestras vidas.

La suya es claramente una de las intuiciones poéticas más poderosas que han existido. ¿Cómo no admirar eso? ¿Cómo no rendirte ante un genio así?


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