Nostalgia del Reino

Hambre

En estos días tengo hambre de poesía; se ha convertido para mí en una necesidad más, como la comida, la música o el agua.



Finalizado ya el tiempo que he pasado con Dante, sacié ayer esa ansia con algunas páginas de la recopilación de canciones y poemas de Suzanne Vega, que tanto tiempo lleva sobre mi mesa.



Pero, tras Dante, era casi obligado seguir con Petrarca, y hoy me hecho con su Cancionero. Me he saltado el larguísimo prólogo de cien páginas (prometo que lo leeré, en un futuro próximo), y he ido directamente al primer poema.



Petrarca, como Dante (¿imitándole, tal vez? quizás de haber leído la introducción tendría respuesta a esta pregunta), comienza hablando de cambios:



Vosotros que escucháis en sueltas rimas

el quejumbroso son que me nutría

en aquel juvenil error primero

cuando en parte era otro del que soy




El tono es muy diferente, arrepintiéndose de los excesos, de las poses de su juventud (una nota al pie de página nos informa de que este poema fue introducido para la segunda edición del Cancionero, en 1348), pero el mensaje es el mismo: Comienzo este libro. He cambiado


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