Nostalgia del Reino

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También me he rendido ante Petrarca, aunque de forma diferente de cómo caí ante Dante. Es esa inocencia, esa incorregible pose romántica y lloriqueante, esa certeza de que el mundo gira alrededor de Laura, y de su imposible amor por ella, las que han hecho que adore a ese hombre, y sus poemas. Él se avergonzaría luego de ellos, cuando por fin maduró. Pero yo soy joven, y ahora no puedo sino admirar esa veneración, todos esos gestos suyos, como el esconder el nombre de Laura entre sus poemas.



Y hay en uno de sus poemas, algo que parece un mensaje, una petición para aquellos que lo leemos en el futuro:





Fuego por dentro, y por fuera nieve,

sólo con mi pensar, y otros cabellos,

siempre llorando iré por toda cumbre,

para ver si piedad llevo a los ojos

de quien ha de nacer de aquí a mil años,

si tanto puede vivir el laurel verde.






Aún no han pasado esos mil años, pero, si te sirve, tienes mi piedad y mi simpatía. Ojalá las cosas hubieran sido diferentes para ti.


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