Nostalgia del Reino

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Viendo Primavera, verano, otoño, invierno…y primavera, una bella película coreana… pero tan inadecuada para mí en estos días, con ese discurso budista: “El deseo es malo, el deseo es doloroso, y nuestro objetivo es eliminar el dolor. Libérate de tus deseos”.

En estos días me siento menos predispuesto que nunca a escuchar sermones religiosos.



Las religiones modernas parecen tener todas el mismo objetivo: hacernos renunciar a muchos de nuestros sueños o nuestros deseos, asegurándonos que sólo nos causarán dolor, o sobornándonos con promesas de un mundo mejor tras nuestra muerte, o asustándonos con amenazas de castigos, de dioses enfadados…



Pero son nuestros anhelos los que nos forman, los que nos hacen ser quienes somos. No renunciéis a ellos. Somos criaturas de sueños y deseos, y sin ellos no somos nada, estamos muertos, aunque respiremos, aunque nos encuentremos cómodos con nuestras vidas.



Y si tenéis algún dios, honradlo, ofrecedle sacrificios para que os sea propicio, pero no dejéis que se entrometa en vuestras vidas. Recordad a Diomedes hiriendo a Afrodita en el fragor del combate, a Menelao capturando al viejo Proteo para interrogarle, a Jacob luchando contra Yahvé hasta obligarle a bendecirlo. Es posible.







(¿Y yo? No tengo dioses. Nunca he sentido que necesite tal cosa. Aunque a veces casi lo desearía… poder rogar su bendición a la diosa chipriota, o a quien corresponda en cada ocasión. Pero el precio a pagar puede ser tan alto, que prefiero caminar sin ellos)


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