Nostalgia del Reino

Augurios

Leo en las Filípicas de los conflictos de César, Antonio y otros respecto de los augurios. César intentó que el Senado le reconociera también como el augur supremo, que se aceptara que su lectura de los hechos por venir tenía supremacía sobre la de los demás. El editor me dice en una nota a pie de página que todo este conflicto se debía a Dolabela, que César quería poder descartar los malos augurios que impedían que este fuera nombrado cónsul.



A mí me gusta pensar que hay mucho más en ello, que César, con su deseo de convertirse en el augur supremo, deseaba tener poder ya no sólo sobre el presente, sino también sobre el futuro, imponer sus visiones sobre la realidad en las eras que le sucederían.





(Perdimos tanto, tanto con Constantino…)


Share this: