Nostalgia del Reino

Enterramientos

A veces, en mis viajes encuentro tumbas de poetas.



Estos días me han hecho recordar la tumba de Pessoa, en Lisboa, que encontramos por casualidad, hace tres años, en el Monasterio de los Jerónimos. Una lápida negra (al menos en mis recuerdos, que tal vez hayan sido contaminados por el tiempo) marcaba el lugar donde reposaba el poeta de los muchos nombres, el que me enseñó el significado de la palabra saudade.







No fue por casualidad como, en el otoño de ese mismo año, llegamos a Burnhill Fields, un antiguo cementerio en el distrito financiero de Londres, lleno de viejos árboles, tumbas desgastadas, lápidas ilegibles. Era mediodía, y chicos corporativos londinenses lo invadían, sentados en bancos, comiendo pizzas y sandwiches.

Y allí estaba, donde ya sabíamos, junto al obelisco que señala la tumba de Daniel Defoe. Una lápida austera, en la que estaba escrito:





NEAR BY LIE THE REMAINS OF

THE POET PAINTER


WILLIAM BLAKE

1757 - 1827

AND OF HIS WIFE

CATHERINE SOPHIA











Hay algo mágico alrededor de la figura de Blake, de sus poemas y pinturas. Y aquel lugar tenía el mismo tipo de poder. ¿Estás teniendo un momento místico?, me preguntaron. Debía tener en ese momento un aspecto aún más alejado del mundo de lo normal. No recuerdo qué conteste. No recuerdo si contesté. La respuesta era que sí, que estaba teniendo un momento místico, que había caído hechizado ante la tumba del poeta.







Y algún día visitaré Roma, y llevaré flores a Keats. Tal vez se sienta solo, tan lejos de Fanny.

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