Nostalgia del Reino

Rostros

(Desde un cibercafé en un pequeño centro comercial en Sevilla, cerca de la estación de Santa Justa)



Con el tiempo, llegas a reconocer algunos rostros: chicas viajeras, serios hombres de negocios… Los has visto otras veces, aquí y allá, en cualquiera de esos no-lugares que son los aeropuertos, habéis compartido la cola del embarque, os habéis sentado frente a frente en las interminables horas de espera en cualquier absurda terminal. Y, al final, tras tantos viajes, algunos de esos rostros acaban resultándote conocidos. Me pregunto si el mío también será ya un rostro familiar para algunas de esas gentes. El chico raro de los aeropuertos.



Pero hay otra posibilidad, justo la opuesta: no es que acabes reconociendo a algunas personas, sino que nos hemos vuelto todos indistinguibles, perfectamente intercambiables, hombres y mujeres grises de aeropuerto, con nuestros maletines o mochilas, con nuestros metafóricos puros y bombines. Todos tan parecidos, que poco importa si estamos o no: si desaparecemos, nuestro hueco será inmediatamente llenado por otro hombrecillo gris, que más tarde alguien creerá reconocer.





Me quedo con la primera teoría. La otra es demasiado desesperanzadora. Y yo necesito esperanza.


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