Nostalgia del Reino

Apuestas

Paso el fin de semana en mi viejo hogar, en Albacete. En un ejercicio de arqueología ególatra, estuve repasando uno de mis viejos diarios, y encontré este sueño (entre otros que también había olvidado, como aquel en el que era un militar intelectual de la Edad Moderna, a lo Cyrano, y se me ordenaba enseñar a hablar latín a un perro) que tuve en abril de 1997:







Camino por un callejón oscuro, y paso con miedo por delante de un siniestro hombre gris. Entonces él me sigue, y me propone una apuesta. Yo, aterrorizado, echo a huir, y él me persigue, gritándome los términos de una apuesta que no puedo ganar.




Lo he leído ahora, sintiendo escalofríos al recordarlo, y sin poder evitar que una irracional duda se abra paso en mi interior: ¿Y si fue real? ¿Y si, al final, perdí la apuesta?

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