Nostalgia del Reino

Batallas

(Todavía en mi hogar, en mi viejo cuarto, en mi última mañana aquí. Fuera, en el salón, mi padre escucha “Nebraska”, de Bruce Springsteen. Y yo, dejándome arrullar por su música, escribo.)



Esta Noche de Difuntos ha sido una noche de insomnio, de guerra contra mis fantasmas interiores, más libres y salvajes que en ninguna otra noche. Fui testigo de como la esperanza, la ilusión, los sueños, eran rodeados por sus enemigos en la cima de una colina, y levantaban muros, disparaban flechas ardiendo, arrojaban aceite hirviendo intentando mantener su posición. Era una guerra perdida. De haber durado un poco más, ese último reducto suyo habría caído.



Pero la batalla duró demasiadas horas, y todos acabaron agotados. Y eso lo aprovechó el Viejo Narrador: apareció de repente en el campo de batalla, reunió a los dos ejércitos, les hizo sentarse alrededor de una hoguera, y les contó una historia, un bonito cuento con un final feliz. Y lo hizo tan bien, que engañó a todos. La guerra cesó, y fueron a dormir, emocionados por esa historia que habían escuchado.

Y cuando se quedó solo, el narrador apagó la hoguera, y permaneció un rato en la oscuridad, caminando en círculos, contemplando las estrellas. Habría dado cualquier cosa por ser capaz de creer en sus propias historias.


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