Nostalgia del Reino

Interludios

No, no puedo estar del todo triste. Tu despedida fue tan hermosa… Y yo no me resigno a perder toda esperanza, aunque ya no la hubiera. El amor sin esperanza no es real, y el mío lo es.



Anoche cambié de nuevo, me hiciste que cambiara. Quizás este haya sido el verdadero cambio que venía augurándose desde la primavera. Desapareció, ojalá que para siempre, ese cascarón que siempre me ha envuelto. Tantas máscaras quedaron rotas. Y, tras ellas, estoy yo. Ahora.







¿Y hoy? Extraño, doloroso, y a la vez no… El peor momento fue por la mañana, cuando me quedé solo, luchando no echarme a llorar mientras intentaba explicarle al taxista como se llegaba a la Torre de Control. Parecía tan irreal. Después seguí adelante, como pude, metiéndome de lleno en mi absurda faceta de profesor, fingiendo que el curso que impartía me importaba. No quería pensar, no quería recordar que ya no estás conmigo.





Mis primeros pasos, mi primer día, como este nuevo yo, dolido, recordando, deseando; una parte de mí, todavía soñando.


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