Nostalgia del Reino

Viernes

Temía a la noche del viernes, a descubrir que ya no era capaz de sonreír, de divertirme. No fue así. El dolor, la amargura, seguían allí cuando miraba, pero fui capaz de no hacerlo a menudo.



Lo pasé bien, contando una historia con mis amigos, preparando el retorno de otra muy querida, charlando en el Madrid de los Austrias,



Con la artificial felicidad del oporto, y la absolutamente real de nuestras largas conversaciones en castellano antiguo, de un par de poemas aún no publicados escritos en una hoja de libreta, de una apuesta sobre la existencia de la palabra remaner.









Es ahora, al despertar solo, por la mañana, cuando el mundo se te cae encima, cuando vuelves a darte cuenta de que ella ya no está a tu lado.


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