Nostalgia del Reino

Relecturas

No me gustó El Quijote la primera vez que lo leí, en mi adolescencia. Supongo que, en gran parte, se debía a que fue una lectura obligada, en el instituto. Difícilmente puedes disfrutar de algo así.

Pero había otras razones: me parecía tan desagradable, tan bajo… La historia de dos locos que vagabundeaban por España vomitando y recibiendo palizas. Yo era diferente en esos tiempos, creía que el mundo podía ser cambiado, domado, que podía amoldarse a mis altas expectativas, que realmente había sitio en él para mí, y que , de no haberlo, lo crearía.



En parte, añoro a aquel chico, a cuando podía pensar así.



Ahora sé que, si deseas un sitio en este mundo, tienes que cambiar, someterte, para tenerlo. O aceptar que no lo hay, vivir en un margen, tratar de buscar la felicidad en rincones, en fronteras, en sueños y lugares inexistentes.

Ahora sé cuán vulnerables podemos llegar a ser, lo solos que podemos llegar a sentirnos.

Ahora sé que, aunque una venta no pueda satisfacernos, es casi imposible encontrar castillos. Pero que seguimos necesitándolos, y que no podemos perder la esperanza. Que sin nuestros sueños de castillos y princesas no somos nada.





Por eso, en estos días, en mi primera relectura del Quijote, todo ha cambiado, y puedo al fin disfrutar inmensamente de esta obra. Y leer con verdadero amor las desventuras del más grande caballero de La Mancha. Y desear que pudiera haber castillos y princesas para él. Para todos nosotros.


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