Nostalgia del Reino

Islas









En La Gomera, lejos, lejos…



El aeropuerto estaba vacío. No había ningún vuelo, no lo habría en horas. No se escuchaba nada, salvo el mar, el viento. Esa mañana, mi trabajo era absurdo. Lanzaba una prueba, esperaba diez minutos a que terminara, anotaba los resultados, y lanzaba otra. Me aburría, y salí fuera. Me senté en el suelo, apoyado contra la pared de la caseta que hacía de torre de control, y me puse a leer, bajo el sol.

Y de repente lo vi: El Teide, alzándose inmenso, rodeado de nubes… en otra isla, más allá del mar. Me quedé paralizado, hechizado durante minutos por esa inalcanzable montaña.


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