Nostalgia del Reino

Ladrillos

En el fondo, todos le admiran, o envidian…



Dorotea se transforma con sospechosa facilidad en la princesa Micomicona, y, en realidad, tanto ella como Cardenio viven más en ese otro mundo, de aventuras, de castillos y princesas. El ventero también sueña con ese lugar, admirando a los caballeros de los libros. Y el cura y el barbero, ¿no veis cómo se divierten? Lo pasan bien, de viaje, de aventura. Todos parecen más felices, más cómodos en esos papeles, en ese mundo de ensueño…



¿Y si en realidad fuera esa nuestra verdadera naturaleza? ¿Y si ese fuera el verdadero camino hacia la felicidad? ¿Si ese mundo mágico fuera nuestro auténtico hogar? Pero nos dejamos arrastrar, nos conformamos con este mundo absurdo, con la felicidad artifical del soma, nos convertimos en ladrillos en el muro… porque es cómodo, porque estamos protegidos dentro de él.


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