Nostalgia del Reino

Mediodías

El deseo está siempre allí: otro país, otra ciudad, otra vida… Una aventura, un gran gran cambio.



Pero no os engañéis: me gusta Madrid. Mucho.

Desayuné, solo, ya al mediodía, en el Café Comercial, en la Plaza de Bilbao, en lo que es prácticamente el centro geográfico de las zonas de Madrid por las que me muevo. Un desayuno largo, tranquilo, leyendo el periódico, y, sobre todo, observando. El viejo café, sus columnas y espejos, sus grandes ventanales a través de los que se observa la ciudad, el cercano invierno, la gente. Y sus clientes: chicas sentadas en sofás, leyendo libros; ancianos charlando sobre centrales nucleares. Y el olor del café. Y los gritos de los camareros, y el cómo saludaban a los clientes que conocían.



Y luego paseé por la calle. Tiendas abiertas, músicos callejeros, y mucha, mucha gente.


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