Nostalgia del Reino

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Por edificios quemados, por cien metros de calle cortada, tuve que tomar el metro, permenecer en pie, comprimido, durante incontables estaciones, con la mirada fija en el libro.

En Iglesia, cuando las puertas se abrieron, una chica me señaló, sonriente, solemne, y me dijo: Capítulo siete. Es el mejor.

(Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.)


Se bajó antes de que pudiera hablarle del 71, de las morelianas.

En Ríos Rosas el metro se averió. Las puertas no podían volver a abrirse. La gente rió ante una ciudad que se derrumba.


Luego escuché su voz. Y lamenté el afán de los padres por visitar a sus hijas.

Distracciones. Aprendiendo acciones continuas, intentando recordar tras viajes ,vacaciones, desapariciones. Finta baja respondida con intento de parada en octava respondida con pase y ataque en sexta.

Investigando wikis. Preparando una nueva historia, una ciudad entera.



Esta mañana, caí dormido en el tren. En mi sueño, E., sonriendo, me enseñaba a escribir en sánscrito.

Parte de mí volvió entonces a Jung, su interés por la India. Sincronicidad


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