Nostalgia del Reino

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Así, contra toda esperanza, regresé a la ciencia.

Y en estos días, dentro de una torre de cristal negro, camuflado con ese absurdo disfraz del traje y la corbata, leo ilusionado sobre procesos de Markov y movimientos brownianos. Paso mi tiempo allí escondido, leyendo, recordando, haciendo cálculos y demostraciones.

Y mis cuatro años de unix y aeropuertos, que yo creía que no tendrían fin, quedan ya como un necesario purgatorio, en realidad, como un buen recuerdo, donde conocí un mundo nuevo, distinto. Recorrí todo el país, conocí lugares, esa parte oculta de los aeropuertos, a los que pocos pueden entrar, conseguí que retrasaran aviones sólo para que yo no los perdiera. No lamento esos años.

Pero quedaron atrás. Regresé a las matemáticas, y la última vez que regresé a mi facultad, hace muy poco, a visitar a Wyan, ya no me dolía.


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