Nostalgia del Reino

La derecha y las máscaras

Coincido con Jiménez Losantos y sus amigos en que es una estupenda noticia el no incluir a Gallardón en las listas del PP. Primero, por algo inmediato, los muchos miles de votos que perderán por ello, los votos de esos “Gallardonistas”, de toda esa gente que no se considera de derechas (aunque seguramente lo sean), pero que votaban a Gallardón, por su política, por su carisma, o por lo que sea.

Segundo, porque supone definitivamente retirar la última máscara que les quedaba de su primera legislatura, de cuando Aznar hablaba catalán en la intimidad. Ahora nadie puede creer ya que sean un partido de centro. Son la derecha rancia, soberbia, de siempre. Mucho más cercanos a los neoconservadores de Estados Unidos que a la sorprendente moderación de Angela Merkel. A lo largo de los años, algunos de los miembros más moderados del partido (Pimentel, Piqué) lo han dejado. Y a los demás los han acallado. El poder absoluto lo ostenta Aznar, desde las sombras, y su camarilla: Acebes, Zaplana, Esperanza Aguirre como la gran heredera, aclamada por la prensa de extrema derecha, que trágicamente tan popular se ha hecho en nuestro país en los últimos años. Y el PP como lo que ya era, pero ahora sin disfraces.

Incluso el acto en el que se le comunicó es de una maldad deliciosa: invitarlo a una reunión con sus peores enemigos sin anunciarle realmente de qué se trataba, humillarlo. Esa ley del más fuerte que es la verdadera esencia de la derecha.

¿Y Gallardón? Ahí viene la tercera razón, de cara al futuro. Si todo sale bien, se marchará del partido tras las elecciones. Pero no creo que un hombre tan ambicioso, y con tanto talento para meterse a los votantes en el bolsillo como es él deje la política. Gallardón, bien fundará un nuevo partido, bien se unirá a UPyD. O las dos cosas, una tras otra. Y este puede ser al fin un comienzo real para lo que España tanto necesita: un partido liberal, demócratacristiano, o lo que sea, al que pueda votar la gente de derecha moderada, que no sea afín al conservadurismo radical del PP. Y no es que crea que Gallardón, un señor de derechas de toda la vida, sea de centro. Pero lo importante es que ha llegado a comportarse como tal, que así es como más votos consigue.

Con suerte, esa decisión de marginar a Gallardón (un verdadero después de mí la nada, si de verdad Rajoy la ha aprobado) cambiará por fin el panorama político de España hacia formas más civilizadas.


Share this: