Nostalgia del Reino

Pasión

Bach es diferente. Bach es la paz, la serenidad, la sensación de que hay en el Universo un orden superior, una finalidad, que no estamos solos. Bach es calidez, compasión, amor. Es esa sensación de que, al final, todo saldrá bien.
Nada de la violencia de Beethoven (“Así golpea el Destino a la puerta”, dijo sobre su Quinta Sinfonía) tiene sitio aquí. Es la victoria del Orden sobre el Caos, la perfección.

Escuchando la Pasión Según San Mateo, ¿cómo no creer en Dios, aunque sea por unos instantes? En algún dios. En Yahvé, o Apolo, o el dios panteísta de Einstein (creo en el Dios de Spinoza, decía), o en nosotros mismos como criaturas divinas, poseedoras de esos tesoros que son la vida, la consciencia.

Escucho a Bach, y, mientras, ya no tengo miedo.




Soy una estrella que viaja contigo, brillando desde la oscuridad, se decía en la liturgia de Mithra, el Sol Invicto. Bach es esa luz.

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