Nostalgia del Reino

Interludio: Cine y Verdad



Vi anoche “El Último Viaje del Juez Feng”. No es una gran película, pero sí goza de esa maravillosa sensación de veracidad que algunas películas tienen.
De todas las artes, son el cine, y la fotografía, su arte hermana (mucho más que el teatro), las únicas que nos da esto. La literatura, la gran literatura, nos acerca a nuestros orígenes, a historias contadas junto al fuego por un poeta ciego. El teatro es otra cosa, pero también ofrece esa poderosa sensación de “historia contada” (lo cual es extraño, pues es el cine la creación artificial, compuesta a trozos, pasada por mil filtros, y la representación teatral la que realmente sucede aquí, ahora).

El poder del cine, del gran cine, es otro. No es una historia que te estén contando. Son hechos reales, nos hace testigos de una verdad. Cuando anoche veía al viejo Feng hablando al borde del barranco con su colega muerto dos décadas atrás, contándole como le echaba de menos, que se hacía viejo, la emoción tenía más que ver con estar allí, escuchando de esa confesión, que de ser el oyente una historia. Y no sólo en películas costumbristas como la que vi anoche. ¿Un milagro en Dinamarca? Sí: estás ahí, lo ves, es real, ¿cómo no creerlo? Eso es el cine.


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