Nostalgia del Reino

De pelo y barba y el paso del tiempo

"It rains so I dance a bit" (NY, 2004)

Ayer tuve un incidente en la peluquería: habían cambiado a todo el personal, y los anteriores y excelentes peluqueros (hombres musculosos en camisetas de tirantes). En su lugar, había chicas jovencitas, que poco sabían de ese trabajo.
Le dije a la peluquera lo que quería, y me relajé; y, para cuando me di cuenta de lo que estaba pasando, ya era tarde: salí de la peluquería con el pelo mucho más corto de lo que lo había llevado en años, y con la moral aún más baja que cuando entré (mi pelo es quizás la única vanidad física que tengo, y me gusta imaginar en mis ahora desaparecidos rizos alguna ascendencia griega, que en realidad, como la mayor parte de los mediterráneos, debo tener).

Esta mañana, en el trabajo, varias personas me hicieron independientemente el mismo comentario: que me había quitado muchos años de encima, que parecía mucho más joven. Y esos comentarios comenzaron a resonar con fuerza en mi mente. No por deseo de ser más joven, o regresar al pasado, sino de que todo lo que alguna vez estuvo en mí continúe allí, sobre si instintos, capacidades que parezco haber perdido sigan allí, escondidos, en lugar de haberse perdido en el tiempo.

Por la tarde, ya en casa, me afeité. Quería ver si me reconocía, si, al verme por primera vez en cinco años con el pelo corto y sin barba, me vería como la misma persona que era entonces. Ese chico perdido, inocente, despreocupado. Me miré al espejo, y allí estaba. Yo. Ya no inocente, agobiado por las cargas, pero el yo que era entonces seguía allí, para bien y para mal. Quizás la mirada más profunda. No lo sé.

Pase lo que pase, era, soy yo.


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