Nostalgia del Reino

My weariness amazes me

Son ya casi catorce años los que llevo en Madrid. Cinco más y serán la mitad de mi vida. Y jamás pensé que fuera a quedarme tanto tiempo. Cuando vine a esta ciudad, a los dieciocho, para convertirme en físico (iba a ser astrofísico, pero eso se quedó en el camino: caí bajo el hechizo de las matemáticas, de la Geometría, de la Mecánica, y eso eclipsó mi pasión por estrellas y planetas) pensaba que estaría aquí cinco años como mucho, y que después me marcharía a otro lugar, seguramente al extranjero.
Hubo épocas en que pensé que querría quedarme aquí para siempre, convertirme en uno de esos ancianitos de Chamberí que leen el periódico en el Café Comercial (incluso ahora la idea no me disgusta: estar aquí dentro de cuarenta años, y leer el periódico en un largo desayuno, mirando por las cristaleras del Comercial, contemplando la plaza de Bilbao del 2050).
Recuerdo la maravilla de explorar la ciudad a mis dieciocho años, primero tomando el metro a diferentes sitios, descubriendo luego que estaban conectados, que se podía caminar. Y comenzar a caminar por la ciudad, en otoño, cuando las calles se cubren de hojas, a caminar por las noches de regreso al Jhonny, que pronto cerrará.
Pero ya he caminado demasiado. Son ya casi catorce años aquí, y ahora cada rincón de esta ciudad me trae recuerdos, buenos o malos, a menudo de ambos tipos, y demasiados rostros me son ya conocidos. Demasiado Madrid, demasiado. Necesito un cambio, un nuevo lugar que explorar, en el que vivir sin que cada esquina me recuerde mis fracasos y todos esos triunfos que tanto me cuesta sobrellevar. Quiero marcharme ya. Far from the twisted reach of crazy sorrow.


Share this: