Nostalgia del Reino

I'll die before the endgame

Terry Pratchett

Hace dos años diagnosticaron a Terry Pratchett, el hombre que nos ha hecho reir a millones de personas durante varias décadas (y del que estoy convencido de que su obra perdurará, y seguirá arrancando risas durante mucho tiempo) Alzheimer.
Ahora, en una entrevista con el Daily Mail, defiende el derecho a morir cuando él desee, sin necesidad de sufrir una larga y dolorosa agonía.

I’ll die before the endgame, says Terry Pratchett in call for law to allow assisted suicides in UK

Prentendo, dice, antes de que el fin se aproxime, morir sentado en una silla en mi propio jardín, con una copa de brandy en mi mano y Thomas Tallis en el iPod.
Oh, y como estamos en Inglaterra, mejor añadiré: “Y si llueve, en la biblioteca. ¿Quién puede decir que esto es malo?”


Y, sin embargo, la ley en la mayoría de los países (incluido la Inglaterra del señor Pratchett y mi España) lo consideran malo, y prohibe que se le ayude en este propósito.
¿Por qué? ¿No somos propietarios de nuestras vidas? ¿No tenemos derecho a disfrutar de ella, y a decidir si queremos que termine? Negar ese derecho es tan absurdo como negarle a un escritor el derecho a terminar un libro.
¿Por qué estar prohibiciones? Quizás tenga algo que ver con nuestra obsesión con la cantidad sobre la calidad, pensar que es más importante vivir mucho que vivir bien, apurar hasta nuestro cuerpo se derrumbe por completo aunque sea a costa de sufrimiento y dolor.

Creo que tiene más que ver con el sustrato judeo-cristiano que hay en toda la sociedad occidental e islámica. Las iglesias monoteístas condenan, que yo sepa sin excepción, esta práctica, y, pese a que utilicen palabras como “dignidad” para defender su postura (como si el sufrimiento y el dolor fueran dignos), tiene que ver con el propiedad, con el poder. Para ellos no somos nosotros los dueños de nuestras vidas, sino su dios, y sólo él tiene derecho a decidir cuándo esta debe acabarse. Se dan incluso casos tan aberrantes como que en algunos países se prohiba esta ayuda a quienes no deseen prolongar sus sufrimientos, mientras que es legal la tortura.


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