Nostalgia del Reino

Cortando calabacines

(Continúa el diario onírico. Este es, con poco lugar a dudas, fruto de la presión de los últimos días para entregar los trabajos del master que llevo un par de años haciendo. Que es de Matemáticas, no de cocina. )

Al fin aparecen mis notas. Miro en el tablón (como antes de esta época de estudiante a distancia en que uno sólo puede mirarlas por internet) y veo con disgusto que he suspendido una asignatura.

Voy a la revisión del examen. El profesor es un viejo japonés, con aspecto de tener más de cien años, una rala barba blanca, casi ya sin pelo, vestido con un kimono. Me pide amablemente que corte un calabacín, para ver si merezco aprobar.
Yo comienzo a hacerlo, nervioso. Primero pelándolo, con la sensación de estar haciéndolo torpemente, de llevarme demasiado de la verdura con la piel. El profesor me mira a la vez con amabilidad y una leve desaprobación.
Pero llega el momento de cortar, y fallo. Con el primer corte, en lugar de una rodaja lineal, me llevo un pedazo irregular del calabacín.
El profesor niega con la cabeza, y me dice que así no me puede aprobar. Y yo, triste, continúo cortando el calabacín en brunoise para intentar salvar al menos algo de mi honor.


Share this: