Nostalgia del Reino

Dos años con Dylan

He terminado hoy una labor de dos años: actualizar mi status en Facebook, día tras día (la mayoría, al menos) con una canción diaria de Bob Dylan, y parte de su letra, hasta agotarlas todas.

(Otros lo han hecho antes, de forma aún más obsesiva que yo).

Y ahora no puedo evitar sentirme algo triste. Se acabó el buscar cada mañana la canción correspondiente, leer su letra, asombrarse (cada día) por la inmensidad de su obra, que lo convierte en uno los grandes de la música, y, más aún, de la poesía del siglo XX. De intentar colarte entre sus escritos, intentando comprender a qué se refería con esos

They shaved her head.
She was torn between Jupiter and Apollo.
A messenger arrived with a black nightingale.
I seen her on the stairs and I couldn’t help but follow,
Follow her down past the fountain where they lifted her veil.


de encontrate reflejado, en tus días de gloria, o en los de miseria, de encontrarte descrito (como has sido, como intentas dejar de ser) con una frase (Now, little boy lost, he takes himself so seriously).

Ahora, supongo, brindaré por el señor Dylan (drinkin’ from my broken cup/And ask me to/Open up the gate for you), y seguiré con él. Los grandes poetas nunca te dejan, ni tú puedes dejarlos a ellos, aunque lo pretendieras.

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