Nostalgia del Reino

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Aunque siempre he sido republicano, nunca he sido un republicano militante. Siempre me pareció que nuestra Monarquía no estorbaba, que el trauma de cambiar la forma de gobierno sería demasiado duro para las ventajas que nos daría, y que, en el fondo, la Monarquía, aunque injusta, también tiene sus ventajas.

Una de esas ventajas, la más importante, tal vez, es que el Rey y su familia, deben ser un símbolo, mostrar que, pese a las crisis, a los problemas, el país puede resistir con dignidad, que hay esperanza. El rey debe ser, más que una persona, un símbolo viviente.

Ayer nuestro rey se partía la cadera en Botswana. Cazando elefantes. Cuando el país atraviesa en su mayor crisis en décadas, el rey y su familia no sólo no ejercen su labor de símbolos esperanzadores, sino que hacen el mayor de los ridículos, y se dedican a matar animales en peligro de extinción.

Hubo una época, durante la Transición, en que Juan Carlos de Borbón sí se comportó como un buen rey. Esos servicios no pueden ser olvidados, pero tampoco ser un cheque en blanco. Hace muchos años que la monarquía no nos da ninguna de sus ventajas, y seguimos sufriendo sus desventajas, la injusticia intrínseca del sistema, bajo el que no somos todos iguales. Así, como sucede con cualquiera cuando no hace su trabajo, sólo queda una solución, que es el despido.

El viaje de Juan Carlos a matar elefantes no debe quedarse en anécdota: debe marcar, para siempre, el final de la monarquía en España.


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