Nostalgia del Reino

No todo vale

¡Cuidado! No te conviertas en un César, no te tiñas siquiera, porque suele ocurrir. Mantente, por tanto, sencillo, bueno, puro, respetable, sin arrogancia, amigo de lo justo, piadoso, benévolo, afable, firme en el cumplimiento del deber. Lucha por conservarte tal cual la filosofía ha querido hacerte. Respeta a los dioses, ayuda a salvar a los hombres. Breve es la vida.

Marco Aurelio, Meditaciones

En el amor y en la guerra todo vale, nos dice uno de esos proverbios populares que la gente repite sin darse cuenta de lo que realmente significan.

Uno de los lentos avances que la Humanidad va haciendo es darse cuenta de que en la guerra no todo vale. Gracias a eso tenemos la Convención de Ginebra, el haber sobrevivido a la Guerra Fría sin un apocalipsis nuclear, el horror que sentimos ante matanzas de civiles, o ante ciertas armas (armas químicas, minas antipersona…).
Pero incluso antes de estos progresos se sabía que no todo vale en la guerra. Se valoraba el honor, el respetar a tus enemigos, la caballerosidad. Nunca ha valido todo. Un vencedor noble, magnánimo, siempre ha sido más respetado que uno cruel y vengativo.

¿Y en nuestra vida de cada día? ¿En el amor, en el trabajo, en salir a comprar el pan, o a montar en bici?
La crisis del 2008, que tanto dolor está causando, está provocada en gran parte por la idea de que en los negocios vale todo. Vivimos en una sociedad en que se asume que el político miente a veces, por el bien común, para triunfar en los negocios hay, casi sin excepción, que ser un depredador sin escrúpulos, y estos son admirados y tomados como un ejemplo a seguir (No se hace una tortilla sin romper unos cuantos huevos, otra de esos dichos desgraciados); el seductor exitoso, otro modelo de admiración, es invariablemente un mentiroso egoísta; a quien defrauda impuestos se le considera un tío listo.

¿Y el honor? ¿El luchar por ser sincero, por comportarse decentemente en cualquier situación?

Quien no se comporta con honor en su vida diaria, quien cree en el todo vale, es pura y simplemente malvado. La misma gente que es capaz de actuar con ese egoísmo descarnado en los negocios o el amor son los que, de estar en la situación correspondiente, te degollarían en mitad de la noche para robarte las botas, los que lanzarían bombas sobre hospitales, los que abrirían campos de exterminio para librarse de la gente que estorba. Porque todo vale. Simplemente es dar un pasito tras otro, poco a poco.
Sólo el ser realmente férreos en nuestros principios nos puede salvar de la barbarie.


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