Nostalgia del Reino

Hay un precio a pagar por todo

I must do as I will do. Magic grants no freedoms, friend pupil. Everything it buys must be paid for.

Neil Gaiman, The Books of Magic

Entre las cosas que uno va aprendiendo lentamente a lo largo de la vida, a menudo a golpes, está esta: que hay un precio a pagar por todo, que cualquier victoria tiene su contrapunto, los sacrificios a los que estás obligado por ella, la responsabilidad que trae. Nada es gratis en la vida.

No todos aprenden esta lección. Muchos avanzan por la vida pensando que pueden tenerlo todo, sin pagar nada por ello. Al final descubren que el precio está ahí, y el golpe es más terrible aún. Tus acciones te persiguen, y acabas teniendo que rendir cuentas.

Y también hay otra clase peor: los que lo saben, pero se niegan a pagar, los que, armados con el todo vale del que hablaba ayer, luchan por escabullirse, no asumir su responsabilidad, vivir gratis. Y a menudo lo logran. Pero el precio ha de ser pagado: es una regla fundamental del Universo. Ellos, es cierto, no lo pagan, pero otros lo harán, y con intereses.

¿Dónde están, por ejemplo, los directivos de Lehmann Brothers o Merrill Lynch, que tanta parte de responsabilidad tienen en la crisis que azota al mundo? Donde siempre, claro. En sus pisos de Park Avenue, y los fines de semana en The Hamptons. No pagaron el precio. Lo hacemos nosotros, la gente. Y estamos pagando el precio multiplicado.

Siempre sucede. Cuando no asumimos las consecuencias de nuestros actos, estas no desaparecen, y obligamos a otros a pagarlas.


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