Nostalgia del Reino

El dictador

Cuando uno escucha la palabra dictador, enseguida le viene a la mente los incontables Gadaffis, Francos, y demás que han poblado la historia reciente de la humanidad, individuos malvados, megalómanos, asesinos de su pueblo. Pero su origen viene de Roma, donde, en tiempos de crisis extremas, el cónsul, por orden del Senado, podía nombrar un dictador, un magistrado que ejerciera la autoridad absoluta durante varios meses, para poder sacar a la República de la crisis. Hasta la decadencia de la República (cuando todo se convirtió en un juego entre los poderosos para decidir quién asestaba el golpe de gracia a la institución y se hacía con el poder absoluto y vitalicio, juego que terminó ganando Octavio), el dictador siempre dimitía antes de que terminara el plazo máximo que se le había concedido, y rendía cuentas ante el Senado.

Y quizás sea esto lo que necesitamos, en este tiempo de crisis total que atravesamos. Porque, no nos engañemos, los verdaderos culpables no son los políticos ni los banqueros, sino nosotros, el pueblo, que hemos tolerado todos estos desmanes, y hasta aplaudido esos años de suicidio que el PP aún llama “el milagro español”. Creo que ya es demasiado tarde para salvar el país, al menos la España que hemos tenido hasta ahora, y que la única salida es cerrar el país, liquidarlo, y comenzar de cero, con una nueva Constitución, nuevas leyes, un nuevo todo, para quien quiera comprometerse a ello (y quien no quiera, que quede fuera, con otro proyecto. Empezar de cero también significa olvidar esa estupidez de la “una-grande-libre”). Pero ¿a quién confiar ese proyecto de empezar de cero? A nuestra clase política, obviamente no. ¿A los ciudadanos que tan alegremente hemos destrozado el país varias veces por siglo? Somos, reconozcámoslo, un desastre. Y quizás sea necesario, como en la vieja Roma, buscar un dictador que nos guíe en estos momentos de crisis. Alguien competente y virtuoso. Extranjero, me temo, pues no sé si alguien en nuestro país reúne ambos requisitos. Lula la Silva es el nombre que me viene a la mente, pero seguro que hay otros. Alguien a quien se pueda dar las llaves del país durante seis años para refundarlo, como cuando das las llaves de tu piso a una empresa de obras para reformarlo.


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