Nostalgia del Reino

Lo absoluto no puede extirparse: puede sólo degradarse

Queremos decir que el hombre, aunque escapara a todo lo demás, seguirá siendo inexorablemente prisionero de sus intuiciones arquetípicas, creadas en el momento en que llegó a tener consciencia de su situación en el cosmos. La nostalgia del paraíso aflora en los actos más triviales del hombre moderno. Lo absoluto no puede extirparse: puede sólo degradarse.

Mircea Eliade, Tratado de Historia de las Religiones

De este párrafo proviene, estoy convencido, ese capítulo 71 de Rayuela, el que durante años dio título a este blog, y todavía se lo da este dominio. La peligrosa, e inevitable, nostalgia del reino, el perpetuo canto de sirenas ante el que no puedes taparte los oídos, tan sólo atarte al mástil de tu nave.

En algún rincón, un vestigio del reino olvidado. En alguna muerte violenta, el castigo por haberse acordado del reino. En alguna risa, en alguna lagrima, la sobrevivencia del reino. En el fondo no parece que el hombre acabe por matar al hombre. Se le va a escapar, le va a agarrar el timón de la maquina electrónica, del cohete sideral, le va a hacer una zancadilla y después que le echen un galgo. Se puede matar todo menos la nostalgia del reino, la llevamos en el color de los ojos, en cada amor, en todo lo que profundamente atormenta y desata y engaña. Wishful thinking, quizá; pero esa es otra definición posible del bípedo implume.


Share this: