Nostalgia del Reino

Horrores. Ventanas

En los últimos meses me he asomado, por dos ventanas diferentes, a los horrores que trajo el siglo XX, al fascismo, ese peligro con el que tan peligrosamente volvemos a coquetear en nuestros días.

Mi primera ventana fue la lectura, con años de retraso respecto a su publicación, del magnífico “El Arte de Volar”, de Antonio Altarriba y Kim. El comic (no me gusta nada esa acomplejada denominación de “novela gráfica”)  comienza con el suicidio del padre del autor, también Antonio, con noventa años, arrojándose desde una ventana del cuarto piso de la residencia geriátrica donde vivía. “Mi padre tardó 90 años en caer de la cuarta planta”, nos dice Altarriba.


Asistimos después a la vida de Antonio, a la Guerra Civil, la derrota, el exilio, los sueños quebrados, el regreso a un país roto y aplastado y, lo peor de todo, la muerte moral que el fascismo impuso a toda una generación de españoles, y que sus hijos y nietos seguimos sufriendo, como tantos otros traumas heredados.

A la otra ventana me asomé durante una visita a Amsterdam: la casa de Anne Frank. En julio de 1942 la guerra, la misma guerra del fascismo contra la humanidad, continuaba. La familia Frank se vió obligada a encerrarse, enterrarse en vida en la parte trasera de una casa. La alternativa era el campo de concentración que el nazismo reservaba para los judíos, la esclavitud y la muerte. En esas fechas, Antonio Altarriba, cuya larga derrota ya había comenzado, luchaba en la Resistencia Francesa. Mientras, el nuevo gobierno español enviaba tropas a seguir luchando en la guerra, seguir defendiendo el fascismo, frenar a la Unión Soviética y ayudar a que los campos de exterminio siguieran funcionando.


Los Frank fueron traicionados, detenidos y deportados a los campos. Anne murió de tifus en Bergen-Belsen, en marzo de 1945, un mes antes de la liberación. Su cuerpo fue enterrado en una fosa común, y olvidado.
Los españoles muertos luchando por Hitler todavía tienen monumentos en muchas ciudades. En Madrid hay una calle honrando su gesta.

En Amsterdan, en la casa de los Frank, pude ver las ventanas a las que Anne se aferraba para escapar de esa muerte moral que sufriría Antonio: Una ventana física, desde la que podía ver un castaño, la escritura, fotos pegadas en la pared, Greta Garbo, Ginger Rogers.



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