Nostalgia del Reino

Horas (II)

¿Qué es un horario, sino un lenguaje inventado? El Sol sale por el horizonte, la luz llena el mundo, y los animales diurnos despertamos y nos dedicamos a nuestros quehaceres diarios. El Sol se pone, y la hora de dormir se acerca. Lo demás, el decir que son las ocho, las diez, las seis de la tarde, es lenguaje, signos que usamos para entendernos. Es la hora de despertar, de comenzar la jornada, es la hora de comer, de cenar…

Entonces, ¿por qué mis quejas del escrito anterior? ¿Qué diferencia hay entre levantarnos a las seis o las ocho, no es lo importante seguir al Sol, como hacemos? 

La respuesta es que nuestros horarios han fracasado como lenguaje, no sirven al propósito de comunicarnos, de decirnos en qué momento del día estamos. La mayoría de las jornadas laborales comienzan a las ocho, que en hora solar es varias horas antes que en el resto de Europa. Pero en realidad es habitual que muchísima gente comience su jornada más tarde, nunca antes de que salga el sol. Tampoco sabemos a qué hora se come, a qué hora se cena, qué hora es prudente para dormir. Y mucho menos logramos entendernos con nuestros vecinos del resto del continente, donde nuestros horarios tardíos se ven como una muestra más de pereza e irresponsabilidad.

Y un lenguaje debe servir para comunicarnos (aunque sea con los muertos), o ser sustituido y olvidado, como tantas veces ha sucedido en la historia de la humanidad.


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