Nostalgia del Reino

Liquidar España

Ayer el esperpento se apoderaba una vez más de España. Mientras en Estados Unidos Obama hablaba de proteger a las clases medias, reactivar la economía y luchar contra el cambio climático, aquí se declaraba Bien de Interés Cultural la tortura de animales, se estuvo a punto de rechazar la iniciativa popular para cambiar la ley hipotecaria, y el invitado especial, Draghi, alababa a puerta cerrada  nuestra economía y lo bien que se están haciendo las cosas en el país de los seis millones de parados.

Sabemos ahora que el partido que gobierna se ha financiado ilegalmente durante décadas, con sobres de dinero negro y cuentas en Suiza, que al juez que intentó investigarlo hace años se le apartó de su cargo, que miembros de la casa real estafaban a las administraciones públicas, que el vicepresidente de la patronal paga en dinero negro a sus empleados.

Nuestra costa está arrasada y el gobierno permite excavar buscando gas y construir gasoductos en uno de los pocos paraísos que nos quedan. Nuestra economía, nuestro mercado laboral, nuestras leyes, nuestra burocracia, son completamente disfuncionales. Los nacionalismos crecen en todas partes. La oposición progresista está anclada en, en el mejor de los casos, el siglo XX. Nuestras universidades jamás aparecen en las listas de las mejores, y se está desmantelando todo el sistema de investigación. La cultura, el arte, y la educación, a la que históricamente siempre hemos despreciado (no sólo hemos sido siempre un pueblo ignorante, sino que nos enorgullecemos de ello) están más maltratadas que nunca. El futuro más esperanzador al que nos aferramos es convertirnos en tierra de casinos, mafias y prostitución. La mitad del país odia a la otra mitad. La corrupción que criticamos en nuestros políticos es lo habitual a pie de calle (¿Con factura o sin factura?).

La lista podría seguir y seguir. España no se va a recuperar. Y si lo hace será incluso peor, porque no habremos curado nuestras heridas, sólo puesto parches para seguir siendo el mismo país torpe, corrupto e ignorante de siempre. Debería ser el momento de terminar con este país, por completo. Empezar de cero con un estado nuevo (en el que esté quien quiera estar, y terminar también con esa estupidez de los nacionalismos), una constitución nueva, y un espíritu nuevo en los ciudadanos. No lo haremos, claro.


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