Nostalgia del Reino

Mandela

De Mandela no podemos llorar su muerte (¿cómo lamentarse por quien muere a los noventa y seis años?). Quizás sí esa vida casi no vivida, veintisiete años en prisión, y tantos dedicados más a su país, a la Humanidad entera, a cumplir esa dura labor que sólo él parecía capacitado para realizar, traer una paz que parecía imposible, cumplir su papel de leyenda viva, inspirarnos a todos.

Por lo que más pena siento es por nosotros, por este mundo de drones y fronteras con cuchillas, que quedamos huérfanos, sin nadie como él. Y nos hace tanta falta.


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