Nostalgia del Reino

Anillos

Sobre “El Señor de los Anillos”, el primero de los libros que, sin dudar, incluí en esa lista de “Libros que se quedan”:

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I

Mi relación con el libro comienza de muy niño, con el mapa. Tendría unos seis años, y mi madre leía el libro. Y a mí me fascinaba el mapa, esos lugares que no conocía, que no existían en los mapas normales. Las Montañas Nubladas, el Bosque Negro. Le pedía que me contara la historia. Y a menudo,  tomaba el libro del estante, y miraba el mapa, soñando con esos lugares que todavía no conocía.

Con el paso tiempo me daría cuenta de que son lugares verdaderos. Que la Verdad no está ligada a la existencia física, que los mitos que nos alimentan, que nos enseñan a vivir, son a menudo más reales que los hechos comprobados y documentados. Neil Gaiman lo describió perfectamente en The Sandman: Things need not have happened to be true. Tales and dreams are the shadow-truths that will endure when mere facts are dust and ashes, and forgot.

II

Tendría unos diez años cuando me sentí preparado para leerlo de verdad (No lo estaba, claro. En toda la vida, uno casi siempre se siente preparado demasiado pronto, o al revés, y pierde el tiempo sin darse cuenta de que lo está). Disfruté enormemente en los meses que tardé en leerlo (recuerdo a un amigo preguntándome asombrado “¿Todavía estás con eso de los anillos?”), pero no dejó la marca indeleble que luego quedaría. Aunque sí lo suficiente para que, años después, en mi primera adolescencia, tal vez hacia los doce o los trece, volviera a enfrentarme a él. Y sucedió, claro. Se convirtió en mi hogar, en uno de esos lugares a donde realmente perteneces, a los que siempre puedes regresar. Y lo hice, incontables veces. En algún momento incluso tuve que imponerme la regla de “Año sí, año no”. Mi última relectura es, creo, de hace dos años, y ya siento con fuerza la llamada para la próxima.

III

Un profesor de filosofía del instituto nos dijo una vez en clase, no recuerdo el contexto, que “El Señor de los Anillos” era mucho más que la historia de Frodo y el Anillo, que era sobre “la búsqueda de la belleza”. Me quedé boquiabierto de esa referencia a mi libro, mi hogar, en un ambiente académico, y ese comentario ha rondado siempre en mi mente.

Pero, en realidad, sólo puedo estar de acuerdo con matices. “El Señor de los Anillos” trata sobre la pérdida de la belleza, sobre el inevitable precio a pagar por seguir existiendo (a un nivel más concreto, trata sobre los horrores de la guerra,  sobre todo lo que perdemos incluso en la victoria), sobre esas corrientes en nuestro corazón que claman que nuestro hogar no es este, que hay un mundo mejor, más bello, más puro, al que pertenecemos.

Trata, en fin, sobre la nostalgia del reino, aquí literalmente. El desaparecido Numenor, y Valinor, el Reino Bendecido, más allá del mar, donde los elfos, cuya estancia de muchos milenios en la Tierra Media no es más que un demorarse antes de cruzar el océano, pertenecen.

Legolas nota, por primera vez en su vida, la cercanía del mar, y la nostalgia del reino se desata en él:

“Then I thought in my heart that we drew near to the Sea; for wide was the water in the darkness, and sea-birds innumerable cried on its shores. Alas for the wailing of the gulls! Did not the Lady tell me to beware of them? And now I cannot forget them.”

IV

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(ilustración de Alan Lee)

Peter Jackson me rompió el corazón de múltiples formas con su adaptación cinematográfica (de una de esas obras claramente inadaptables), pero la más terrible fue el demostrar que no había entendido nada, y destrozar el que seguramente sea mi momento favorito del libro con una absurda fanfarria de efectos especiales. Como si la majestad, tuviera algo que ver con eso. Y lo peor es que, teniendo a Cate Blanchett, esa escena podría haberse rodado bien.

Galadriel laughed with a sudden clear laugh. “Wise the Lady Galadriel may be,” she said, “yet here she has met her match in courtesy. Gently are you revenged for my testing of your heart at our first meeting. You begin to see with a keen eye. I do not deny that my heart has greatly desired to ask what you offer. For many long years I had pondered what I might do, should the Great Ring come into my hands, and behold! it was brought within my grasp. The evil that was devised long ago works on in many ways, whether Sauron himself stands or falls. Would not that have been a noble deed to set to the credit of his Ring, if I had taken it by force or fear from my guest? ”

“And now at last it comes. You will give me the Ring freely! In place of the Dark Lord you will set up a Queen. And I shall not be dark, but beautiful and terrible as the Morning and the Night! Fair as the Sea and the Sun and the Snow upon the Mountain! Dreadful as the Storm and the Lightning! Stronger than the foundations of the earth. All shall love me and despair!”

She lifted up her hand and from the ring that she wore there issued a great light that illuminated her alone and left all else dark. She stood before Frodo seeming now tall beyond measurement, and beautiful beyond enduring, terrible and worshipful. Then she let her hand fall, and the light faded, and suddenly she laughed again, and lo! she was shrunken: a slender elf-woman, clad in simple white, whose gentle voice was soft and sad.

“I pass the test,” she said. “I will diminish, and go into the West and remain Galadriel.”

They stood for a long while in silence. At length the Lady spoke again. “Let us return!“ she said. ”In the morning you must depart for now we have chosen, and the tides of fate are flowing.”


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