Nostalgia del Reino

Bardos

Disfruté anoche de la adaptación de Joss Whedon de “Mucho Ruido y Pocas Nueces”. No es una gran película, ni tiene (y en este tipo de adaptaciones suele ser lo primordial) interpretaciones memorables. Pero sí es una película correcta, y, sobre todo, honesta, claramente hecha desde el corazón. Y es Shakespeare.

Las obras de Shakespeare se prestan perfectamente a ser sacadas de su ambiente original, llevadas al siglo XX, al XXI, a la antigüedad, al remoto futuro. No hay nada fuera de lugar. Son personas. Somos, o deberíamos ser, nosotros. No nos preguntamos ¿por qué hablan así dos personas modernas?, sino ¿por qué no hablamos nosotros así? I love you with so much of my heart that none is left to protest.

De alguna manera, es este mundo shakespereano más verdadero que el nuestro, más real. Shakespeare se hizo, o nació con, el manual de lo que significa ser humano, el mapa de las corrientes que surcan nuestros corazones, el código de lo que fuimos, de lo que somos bajo nuestras máscaras, de lo que debemos ser.


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