Nostalgia del Reino

Olores

image

(la casa de cultura donde está la biblioteca. La imagen la robé de aquí)

A veces la memoria te tiende trampas, y una visión, un olor, cualquier sensación te lleva a un pasado que, de alguna manera, añoras. Me sucedió cuando entré al portal de mi edificio. Estaban restaurando la puerta (una de esas pesadas puertas de madera que aún se encuentran en viejos edificios madrileños),  y todo estaba lleno del olor a ¿madera? ¿barniz? E inmediatamente recordé un olor de mi niñez: ese mismo olor que llenaba el portal, mezclado con el de papel gastado, libros manoseados por mil manos, el que respiraba de pequeño en la biblioteca de Hellín, donde mi familia vivía entonces, donde pasé tantas y tantas horas, sacando, devolviendo libros, curioseando por las estanterías, leyendo los Astérix en las mesas del centro.

Creo que es ese, el de la biblioteca, el olor que más identifico con mi infancia. Más que el del romero del campo o el fuego de la hoguera, la goma del balón de baloncesto, o la mermelada de moras de mi madre. Esa pequeña biblioteca de pueblo es quizás uno de los lugares que más identifico con el hogar.


Share this: