Nostalgia del Reino

Del Dolor y el Sueño

Es cierto que el origen de nuestro sufrimiento está en nuestros deseos, nuestros sueños, nuestros miedos. Y que si venciéramos el miedo, y renunciáramos a deseos y sueños, el dolor, la angustia,  desaparecería.

Pero los seres humanos somos criaturas de sueños. Tal vez todos los seres vivos lo seamos. Ese alzarnos de lo inorgánico, esa breve lucha que son nuestras vidas, ¿no es acaso la persecución de  un sueño? Incluso aunque la vida no fuera más que una ciega propiedad de autorreplicación de ciertas moléculas, ¿para qué existir? ¿para qué la consciencia? (Soy hijo de la Tierra y del Cielo Estrellado, decían los órficos). No sé cómo serán los largos sueños sin hojas de los árboles en invierno, pero sí sé que es lo que les mantiene erguidos durante los años incontables, igual que a nosotros.

Renunciar a los sueños es renunciar al dolor, pero también es renunciar a lo que nos mantiene vivos. La verdadera sabiduría sería ser capaz de separarlos, conservar nuestros sueños, pero sin el dolor inherente a la pérdida de algo que no estaba en nuestra mano conservar, que quizás no hemos tenido nunca. Pero esos anhelos nuestros son absolutamente reales en nuestros sueños, y la pérdida en la vigilia es complemente real y trágica. No sabemos, no podemos, distinguir entre el sueño y la realidad, porque la diferencia es demasiado sutil.

The cloud-capped towers, the gorgeous palaces,

The solemn temples, the great globe itself—

Yea, all which it inherit—shall dissolve,

And like this insubstantial pageant faded,

Leave not a rack behind. We are such stuff

As dreams are made on, and our little life

Is rounded with a sleep.

William Shakespeare, The Tempest


Share this: