Nostalgia del Reino

Horizontes

Y dejé Viena, para cumplir uno de esos sueños que me acompañaban desde hacía años: Londres.

Me enamoré de Londres desde la primera vez que lo pisé, cuando en el verano 2001 salí por primera vez del metro, en Camden Town, ya de noche,  y vi la multitud. Comimos unas samosas en un puesto callejero, antes de caminar hasta el albergue donde nos alojaríamos. Enloquecí, durante esa semana, aprovechando cada segundo, abandonando a mis amigos cuando ellos querían descansar para caminar más por la ciudad, ver a la gente que la llenaba. Londres se clavó en mi corazón y no me abandonó nunca.

Y, sin embargo, ahora, a días del comienzo de esa gran aventura, no sólo asustado, sino incluso acongojado, añorando MuseumsQuartier y el Donaukanal. Quizás hay sueños en la vida que no están para cumplirse, sino para permanecer como horizontes a los que aspiras, sin alcanzarlos nunca. O quizás no. Quizás haya otros horizontes más allá y sólo al llegar allí puedes atisbarlos.


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