Nostalgia del Reino

Errores

Nel mezzo del cammin di nostra vita
mi ritrovai per una selva oscura
ché la diritta via era smarrita.

Dante, Divina Comedia

Mi padre siempre ha lamentado el haber dejado la Marina. Pasó allí varios años, sin lograr adaptarse a la disciplina militar, y, finalmente, la abandonó por una carrera, en Correos, que nunca le satisfizo. Y esa decisión, el dejar la Marina, es tal vez el gran y si… de su vida, la intersección donde cree que tomó el camino equivocado (yo, claro, no acabo de compartirlo: de haber tomado la otra ruta, mis padres nunca se hubieran conocido, y yo no habría nacido. Mi padre me dijo una vez que habría conocido a mi madre de todas formas, y que yo sí habría nacido, sólo que en otro lugar. Lo dudo, pero, en cualquier caso, él está en su derecho a lamentar sus decisiones, aunque el fruto indirecto fuera yo).

Historia de dos ciudades

V. y L.

(Esta es una historia real. Se puede amar a ciudades, como se ama a personas. Y pueden, al igual que las personas, romperte el corazón.)

Futuros

Leí, en los 90’s, varias novelas de William Gibson. Me parecía entonces un escritor, con una calidad en la prosa que no abunda en el género de la ciencia ficción, pero cuya obra no acababa de engancharme, no lograba, sobre todo, que conectara con sus personajes, que me importara lo que pasaba.

Las películas del 2016

Ya es una costumbre comenzar el año repasando las películas que vi durante el que acaba de terminar (aunque algunas sean del 2015).

I, Daniel Blake

Este año, la mejor es, sin duda, I, Daniel Blake, de Ken Loach, una desgarradora mirada a la máquina de humillación que las burocracias occidentales han generado alrededor del estado del bienestar, de como forzamos a muchos a la pobreza para luego culparles por ser pobres.

Horizontes (II)

Saint James Park

Escribía hace poco de qué tal vez algunos sueños no estén para ser cumplidos, que hay horizontes que quizás no hay que alcanzar. Un triste presentimiento, porque ha sido. Londres, mi ciudad soñada desde hacía tantos años, me ha roto el corazón.

No sé qué ha sucedido. Quizás yo he cambiado. Quizás la ciudad ha cambiado. Quizás ambos. Quizás esta es mi condena por haber abandonado, por una mezcla de miedo y ambición, la maravillosa Viena (el Reino Perdido, no una metáfora, sino uno tangible).