Nostalgia del Reino

Las películas del 2016

Ya es una costumbre comenzar el año repasando las películas que vi durante el que acaba de terminar (aunque algunas sean del 2015).

I, Daniel Blake

Este año, la mejor es, sin duda, I, Daniel Blake, de Ken Loach, una desgarradora mirada a la máquina de humillación que las burocracias occidentales han generado alrededor del estado del bienestar, de como forzamos a muchos a la pobreza para luego culparles por ser pobres.

Horizontes (II)

Saint James Park

Escribía hace poco de qué tal vez algunos sueños no estén para ser cumplidos, que hay horizontes que quizás no hay que alcanzar. Un triste presentimiento, porque ha sido. Londres, mi ciudad soñada desde hacía tantos años, me ha roto el corazón.

No sé qué ha sucedido. Quizás yo he cambiado. Quizás la ciudad ha cambiado. Quizás ambos. Quizás esta es mi condena por haber abandonado, por una mezcla de miedo y ambición, la maravillosa Viena (el Reino Perdido, no una metáfora, sino uno tangible).

Monedas

Cuando uno está perdido acude al oráculo, intentando creer que existe ese patrón, centro de mis dudas en los últimos tiempos. Así pues, busqué tres monedas en mi caja del tesoro, y consulté al I-Ching, sobre qué camino debía tomar en esta encrucijada.

T'ung jen

T’ung Jen / La Comunidad de los Hombres

arriba Ch’ien, Lo Creativo, el Cielo

abajo Li, Lo Adherente, la llama

Comunidad con hombres en lo libre: éxito. Es propicio atravesar las grandes aguas. Propicia es la perseverancia del noble.

La respuesta es, enconces, obvia. Confiar en los amigos. Cruzar las grandes aguas. La línea partida que obtuve en el segundo lugar significa, entre otras cosas, Humillación. Veremos si el destino, si existe, da la razón a las monedas y al este viejo oráculo.

Number 11

Anoche, en la exposición sobre el Expresionismo Abstracto, en la Royal Academy, no fue, como habría esperado, alguno de los Rothkos lo que más me impresionó, sino el Number 11, o Blue Poles, de Jackson Pollock.

Number 11

Quizás porque así percibo ahora mi vida. El más absoluto caos, sin ningún mensaje aparente, ni un camino claro. Una ininteligible sucesión de hechos (desgracias y bendiciones, pero más desgracias que bendiciones) demasiado grandes, demasiado abrumadores. La vida, al final, no parece ni una habitación ni un camino, ni escaleras ni serpientes.

Sin embargo, en 1950, cuando Time citó una crítica donde se describía la obra de Pollock como caótico, este respondió contundentemente con un telegrama: “No chaos, damn it.”. Todo en su obra, es intencional. Hay un patrón, hay un orden que él veía, y que yo no.

¿Es también así nuestra existencia?

Snakes and Ladders

Hace ya doce años que publiqué, en los inicios de este blog, esta cita de Hijos de la Medianoche, de Salman Rushdie:


All games have morals; and the game of Snakes and Ladders captures, as no other activity can hope to do, the eternal truth that for every ladder you climb, a snake is waiting just around the corner; and for every snake, a ladder will compensate…but I found, very early in my life, that the game lacked one crucial dimension, that of ambiguity - because, as events are about to show, it is also possible to slither down a ladder and climb to triumph on the venom of a snake.


En estos días, más que nunca, mi vida es un reflejo de esa ambigüedad. Lo que aún no sé es si he caído por una escalera hasta el punto de partida, o si estoy escalando gracias al veneno de una serpiente. O ambas cosas a la vez.