Nostalgia del Reino

Fernweh

La palabra que expresa uno de los deseos humanos más lacerantes, la nostalgia, parece de origen griego, pero en realidad no lo es. Nostalgia se ha formado a partir de los términos griegos νόστος, «el regreso», y ἄλγος, «el dolor», «la tristeza», y expresa el deseo melancólico de volver a casa, a los lugares en los que se ha pasado la niñez y en los que se encuentran las personas y los objetos que más se quieren, pero es una palabra completamente ajena al mundo griego. La palabra fue acuñada en 1688 por un estudiante de medicina alsaciano, Johannes Hofer, que se licenció en la Universidad de Basilea con una tesis titulada Disertación médica sobre la nostalgia. Durante años el joven se había dedicado al estudio médico del desconcierto emotivo experimentado por los mercenarios suizos al servicio del rey de Francia Luis XIV, obligados a permanecer durante años lejos de los valles y de las montañas de su patria y a menudo aquejados de un mal indefinido que los empujaba a la muerte si no volvían a casa. Desde entonces, el neologismo griego nostalgia se difundió en las demás lenguas europeas para expresar el sentimiento de tristeza y lejanía de la tierra que se ama, melancolía que en francés se llama mal du pays, y en alemán Heimweh. Además, el alemán tiene una palabra hermosísima que no posee nuestro idioma; hermosísima para quien sabe comprender esa extraña añoranza. La palabra en cuestión es Fernweh, compuesta de «dolor» y «lejos», e indica la nostalgia por los lugares en los que uno no ha estado nunca, pero a los que le gustaría mucho ir. Nostoi (Νόστοι), «los regresos», es también el título de un conjunto de poemas épicos griegos dedicados al regreso a la patria de los héroes aqueos al término de la guerra de Troya. El autor de esos poemas está envuelto en las sombras de la leyenda; según unos, se trataría de un tal Eumelo de Corinto, según otros de Agias de Trezén. Precedidos de las Ciprias o Cantos chipriotas, de la Etiópide, de la Pequeña Ilíada y de la Iliupersis o Saco de Troya, y seguidos de la Telegonía, los Nostoi formaban parte del denominado ciclo troyano: una colección de poemas épicos que contaban todas las peripecias de la guerra de Troya además de la Ilíada y la Odisea, nunca mencionadas en esta saga, y que representan, por tanto, una especie de versión de la historia alternativa a la que nos proporciona Homero.

Andrea Marcolongo, “La lengua de los dioses: Nueve razones para amar el griego”


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